03 marzo 2008

El gusto por los niños es algo cerebral

Un equipo de científicos ha localizado en el cerebro, la región que se encarga de hacer que nos gusten los niños y que su presencia provoque en los adultos una respuesta inmediata de cuidados y protección. Hasta ahora, el cariño hacia los niños, y en general el cuidado de las crías de cualquier especie, tenía una explicación darwinista y otra etológica:

1- La primera de estas teorías, del mismo Charles Darwin, explicaba que se trataba de un instinto desarrollado evolutivamente para asegurar la perpetuación de la especie.

2- La segunda, del premio Nobel Konrad Lorenz, proponía que la cara y las expresiones de los niños eran estímulos naturales que activaban una respuesta innata.


Ahora, un equipo de pediatras, neurólogos y psiquiatras de la Universidad de Oxford, ha logrado localizar, en la corteza orbitofrontal media, la región cerebral que se activa ante la visión de los infantes. La velocidad con que se activa esta región de la corteza cerebral, en sólo un séptimo de segundo ante la visión de niños ajenos, indica a estos científicos que
la reacción no tiene un origen consciente o cultural.

Según los investigadores, este descubrimiento puede tener aplicaciones médicas en la explicación y en la identificación de individuos con riesgo de sufrir depresión postnatal, síntoma del cual deben ser tratados, y que afecta a casi trece por ciento de las madres en el primer mes tras el parto.

En su investigación, los científicos de Oxford usaron la técnica denominada "magnetoencefalografía" para visualizar las áreas cerebrales que se activaban en presencia de estímulos determinados, en este caso caras de adultos y de niños, que no estaban relacionados con los individuos objeto de estudio.

La región orbitofrontal del cerebro, en este caso la detectada por los investigadores, se localiza justo detrás de los ojos.

No es la primera vez que se relaciona a esta región cerebral con estudios científicos. Con anterioridad a este estudio de la reacción a los niños, ya se sabía que traumatismos en esta zona o baja vascularización solían producir diferentes fenómenos actitudinales, como la hipersexualidad, una reducida interacción social, ludopatías o adicción al juego, alcoholismo y discapacidades de empatía con el resto de las personas.

Esta investigación recién difundida, fue dirigida por el doctor Morten Kringelbach y el especialista Alan Stein, del equipo de investigadores de la Universidad inglesa de Oxford. Todas las investigaciones fueron financiadas por las instituciones internacionales Wellcome Trust y TrygFonden Charitable Foundation.

Fuente: Caracas

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